jueves, 8 de diciembre de 2011

EL DÍA QUE GIMNASIA RESUCITÓ


Hay partidos que, más allá de los fanatismos, quedan guardados en la memoria. Seguramente a la gran mayoría de los futboleros de ley, aquel 12 de julio de 2009, se les erizó la piel en el último gol de Franco Niell. Otra de las tantas historias imborrables de nuestro deporte.

Fue el día que el Bosque brotó de pasión, como nunca antes. Porque Gimnasia, en un capítulo dramático, que mucho tuvo de ficción, logró quedarse en Primera. Le ganó 3 a 0 a Atlético Rafaela por la Promoción, en una serie para el recuerdo, repleta de emociones en el último cuarto de hora. Tiempo que para algunos condenados, no es más que agonía, pero que en esa ocasión para el Lobo significó la resurrección, el volver a vivir.

Paradójicamente, hoy Gimnasia está en la “B” Nacional y Rafaela en la máxima categoría, aunque reitero, ésta historia de suspenso, lágrimas y gritos de desahogo, excede el tiempo.

Cuando promediando los 30 minutos de la segunda parte Roberto “Pampa” Sosa se iba expulsado con Gimnasia solo 1-0 arriba, nadie imaginaba semejante final. Es que en el partido de vuelta de la tan temida Promoción el Lobo debía remontar el 0-3 que había padecido 3 días antes, en Rafaela, con los tres goles de Aldo Visconti, actualmente en el Boca Unidos correntino.

A esa altura, Visconti era el nuevo Javier Mazzoni para los Triperos, un verdugo más para un equipo que “nació para sufrir”. La misión literalmente se presentaba imposible. En un partido y medio la Crema había sido mucho más: en la ida lo pasó por arriba, y en los primeros 45 en el Bosque, tampoco dejó dudas.

Rafaela, dirigido en ese entonces por Marcelo Fuentes, como todo equipo del Nacional que se la juega ante el de Primera, sin nada que perder, jugó sin presiones y con mucha confianza por el resultado conseguido como local; mientras que los platenses, nerviosos desde el vamos, por cada minuto que pasaba no hacían más que dar otro paso hacia el abismo. Para Gimnasia la tarde pintaba como lo más parecido al calvario deportivo.

Pero el fútbol señores, es tan cruel como fantástico, capaz de generar emociones indescriptibles. Gimnasia salió en el complemento decididamente a meterlo en un arco a Rafaela. Desprolijo, sin ideas, pero con un amor propio descomunal. No quedaba otra. Era dejar el alma, o descender con la sensación de no haber dado todo en la cancha. Y si peloteás al rival, quizás en una de esas, la hazaña se podía lograr. Y así fue el equipo de Leonardo Madelón. El Lobo, haciéndole honor a su apodo, salió a comérselo crudo al rival, dejando atrás un partido y medio olvidable por donde se lo mire.


Sólo 45 minutos. Rápido tenía que llegar el primer gol para al menos, aferrarse a una pisca de esperanza. Se hacía eterno. El tiempo volaba, el partido se iba y a Gimnasia le faltaba un montón para lograr el objetivo de quedarse en Primera.

El primer grito llegó a los 28 de la etapa final. Casi de carambola, como quién no quiere la cosa. Centro pifiado de Sosa, rebote en el arquero Darío Capogrosso, y el uruguayo Diego Alonso ,con un tiro mordido, la mandó al fondo del arco. Pidiendo permiso, pero gol. 1-0 y la ilusión Tripera que de la nada, tímidamente tomaba vuelo.

No obstante, lo que tanto tardó en construir el local, nuevamente se vino abajo en un abrir y cerrar de ojos. Expulsión de Sosa y más que nunca a remarla de atrás. Ya parecía sentenciada la historia, todo era muy cuesta arriba. Con 9 jugadores (los dos equipos en ese momento ya estaban con 10), y con la imperiosa y desesperada obligación de hacer dos goles más.

Así y todo al Lobo lo llamaron al baile, y el Lobo asistió a la fiesta. Porque el Lobo siempre está. Ingreso milagroso el de Franco Niell, que entendió la situación y con desparpajo marcó la diferencia junto al oriundo de Coronel Pringles, Juan Cuevas.

Los dos petisos se pusieron el equipo al hombro en el momento más crítico. El partido se moría, 44 minutos del segundo tiempo, centro pasado de Luciano Aued, cabezazo de Niell y a cobrar. 2-0. Quedaba poco, pero había que ir. Y Gimnasia fue nomás.

47 de la complementaria. Corajeada de Cuevitas, enésimo centro que cayó al área de Rafaela y nuevamente Franco Niell, el ídolo menos pensado, que fue el más grande en tierra de gigantes, para desatar la locura de media ciudad de La Plata. Cabezazo cruzado y el milagro se concretó. Lágrimas, gritos, abrazos con desconocidos, de todo pasó en la tribuna de Gimnasia. Una locura interminable, propia del deporte más hermoso del mundo. “No, no dejá” gritaba un hincha del Lobo que anda a saber en que dimensión estaba. Nadie quería ser de Gimnasia ese día. Pero después de lo que pasó, a cualquier hincha de otro equipo le dieron ganas de estar esa tarde en El Bosque.

Partido de aquellos. Vibrante hasta el último instante, con todos los matices posibles. Todo el combo. 15 minutos que reflejaron la pasión y esencia del fútbol argentino. Gritos, sentimientos encontrados, gargantas afónicas, delirio de la multitud. El fútbol siempre da revancha, siempre da una vida más. Y al tercer día, Gimnasia resucitó.






lunes, 19 de septiembre de 2011

CORONADOS DE GLORIA

Emanuel Ginóbili, baluarte de la Selección Argentina de básquetbol, y sus sensaciones después de sumar una nueva estrella a las vitrinas del deporte nacional. La unión de un equipo irrepetible, que tiñó de naranja a todo un país. Porque durante el Preolímpico, de La Quiaca hasta Ushuaia, se respiró básquet.

La Generación Dorada” sigue dando que hablar. Una camada de deportistas fantástica, merecedora de todos los reconocimientos posibles. El básquetbol argentino, como quedó demostrado en el Preolímpico, sigue siendo de “elite”, paradójicamente manteniendo el instinto “amateur”. Ese que pone al triunfo y al trabajo en conjunto, por encima de todo, sin ningún privilegio individual. Porque, como dijo Dolina alguna vez, “siempre es más lindo jugar con amigos”.

La selección de básquet de nuestro país se ganó el respeto del mundo, incasablemente cruzó cualquier frontera posible, a tal punto que se propuso incluir en el legendario “Salón de la Fama” de la NBA a este equipo maravilloso, repleto de virtudes deportivas, que serán ejemplo de los más chicos en un futuro cercano.

Emanuel Ginóbili, Pepe Sánchez y Hernán Jasen, fueron los representantes de nuestra ciudad, cuna de grandes próceres de esta disciplina a lo largo de la historia, a los que además se les suman otros bahienses, que han formado parte de los planteles en esta década memorable, como Alejandro Montecchia en el rol de jugador, Sergio Hernández como entrenador, y Néstor “Che” García, en su reciente faceta de ayudante de Julio Lamas, por citar solo algunos casos.

“Volver a casa después de conseguir un logro tan importante, es muy gratificante, asíque más feliz no puedo ser”, nos comentó Ginóbili, caminando por las calles de Bahía, tras regresar de Mar del Plata con un nuevo título. “El sentimiento es el mismo de siempre aunque no hubiésemos ganado. Ya lo que se logró en tanto tiempo es muchísimo. La diferencia es que nos consolidamos en casa, nuestra gente nos pudo ver y se pudo emocionar; y que la gente este tan contenta, nos contagió. Fue muy lindo jugar este torneo, el Polideportivo estuvo espectacular y realmente la pasamos muy bien”, agregó.

Por eso, este triunfo en el “Torneo de las Américas”, se siente propio. Al igual que el subcampeonato en el mundial de Indianápolis, la medalla dorada en Atenas, la de bronce en Beijing, y demás laureles. Siempre que la Generación Dorada ganó un título, también hubo un bahiense para subir al podio y hacernos sentir partícipes, acrecentando el amor de la ciudad por un deporte que se lleva en la piel.

En la final en Mar del Plata, Argentina venció a Brasil 78 a 75, tomándose revancha del equipo de Rubén Magnano (técnico argentino campeón en Atenas), que fue el único verdugo a lo largo del campeonato, con una actuación descollante de Luis Scola, el capitán y jugador más destacado del certamen. La imagen con el triunfo ya consumado, fue la misma. Porque este equipo, en su esencia, nunca cambió (ni cambiará). Una montaña humana festejando otra gran alegría, y principalmente, dedicándole el título a dos compañeros que no pudieron estar: Leo Guitiérrez, marginado del torneo por un problema cardíaco, y Andrés Nocioni, lesionado.

“Esto es amateur, acá nadie viene por plata”, asegura orgulloso Manu Ginóbili. “El ‘Chapu’ (Nocioni), por ejemplo, dejó un montón de cosas por venir a jugar este campeonato, y encima para terminar con el pie casi roto. Es heroico lo que hizo este pibe. Y actitudes como esa, ayudan al resto, te hacen sentir orgulloso y empujan al de al lado para seguir”, finalizó.

En un mundo exitista en el que el deporte no es la excepción a la regla, observar a jugadores que lo tienen todo, seguir disfrutando como el primer día de compartir un vestuario con amigos de toda la vida, conmueve. Por eso el aplauso interminable de la gente. Porque este equipo se lo ganó. Adentro de la cancha, y afuera también. Como en el teatro, cuando un gran actor termina su función, y la admiración no sólo queda representada en la ovación desde las butacas, sino fuera del escenario, en las calles. Cuando un chico o adulto se cruza de repente con Ginóbili, Scola, Oberto o quien sea, y le dice con total sinceridad y admiración: “gracias por tantas alegrías, maestro”.



viernes, 26 de agosto de 2011

LA HAZAÑA PUMA EN TIERRAS FRANCESAS


A continuación, y como antesala a uno de los acontecimientos deportivos más importantes del corriente, recordamos la mejor actuación de Los Pumas en su historia: Francia 2007. Momento único e imborrable del rugby argentino.

El último mundial, fue sin dudas, la participación más importante de un seleccionado argentino de rugby desde que se juega la Copa del Mundo. Algo quizás impensado, si nos remontamos una década atrás. Pero esta camada de jugadores, principalmente conformada por Juan Martín Hernández, Agustín Pichot, Ignacio Corleto, los mellizos Felipe y Manuel Contepomi, Gonzalo Longo, Mario Ledesma y los hermanos Ignacio y Juan Fernández Lobbe, entre otros, sin dejar de lado al excelente cuerpo técnico encabezado por Marcelo Loffreda y Daniel Baetti, tenía hambre de gloria. Fiel al instinto animal. Al instinto Puma.

A diferencia de otros mundiales, en 2007 casi todos los integrantes del plantel gozaban del roce internacional que no muchos equipos tenían, además que la mayoría se habían destacado en sus respectivos clubes, ubicados ni más ni menos que en Francia, potencia de la disciplina, e Inglaterra, cuna del rugby.

Por consiguiente, Los Pumas no fueron de paseo a París, sino que marcharon en busca de un gran objetivo: llegar a las semifinales por primera vez en la historia. No obstante, al mismo tiempo, la premisa fue cumplir con otra misión de la misma magnitud. Demostrarle a las máximas autoridades del rugby mundial, que Argentina está capacitada para disputar un torneo anual, y no solo test-matches y mundiales, cada cuatro largos años.

He aquí la principal razón por la que la preparación argentina para Francia 2007 fue la más exigente. Partidos previos enfrentando a seleccionados de altísimo renombre, tal es el caso de Inglaterra, Francia e Irlanda (obteniendo muy buenos resultados), como también la preparación física que se realizó en un campo especializado en los Estados Unidos. Los Pumas fueron por todo, como siempre, con el agregado de, por la disposición previa, un objetivo ambicioso, como nunca antes.

La confianza, desde el vamos, fue plena. Sin embargo, la primera instancia se presentó por demás dificultosa. Argentina formó parte del Grupo “D”, junto a Francia (el local), Irlanda (en ese entonces, el último verdugo -en el mundial 2003- y clásico rival), Georgia y Namibia. Se lo catalogó “Grupo de la Muerte”.

Y el primer escollo, para no ser menos, en la previa era complicadísimo, por no decir imposible. El 7 de septiembre de 2007, Los Pumas jugaron por tercera vez consecutiva el partido inaugural de la Copa del Mundo (en 1999 con Gales y en 2003 frente a Australia). Con Francia en Saint Denis, Los Pumas hicieron un partido inteligente partiendo del planteo, y sustentado en un sacrificio memorable, vencieron a los galos por 17-12, con un try de Ignacio Corleto. Inolvidable. Primer zarpazo mundialista.

Los siguientes dos encuentros fueron claves para la clasificación a la segunda ronda. El objetivo, sin margen de error, fue vencer a Georgia y a Namibia por punto bonus, es decir convirtiendo cuatro o más tries. Sucesivas victorias por 33-3 y 63-3 respectivamente, sufriendo más de la cuenta en el primero (el cuarto try se obtuvo en el instante final), y goleando y gustando en el siguiente, sin recibir tries en contra, comenzando a demostrar en hechos, el favoritismo creciente de un equipo imponente.

Una semana más tarde, el 30 de septiembre, los argentinos enfrentaron a Irlanda, quien en los últimos años se convirtió en el más acérrimo rival de Los Pumas, debido a lo acontecido en los últimos dos mundiales en donde se eliminaron mutuamente (en el '99 ganaron los nuestros, y en 2003 los europeos). Argentina triunfó 30-15, con una actuación descollante de Hernández (3 drops), y con dos tries de notable factura, uno de Lucas Borges, y el restante de Horacio Agulla (por entonces, jugador del Hindú local y revelación del torneo). Así, Argentina lideró su grupo, y evitó en los cruces de cuartos a los siempre temidos All Blacks. Para nada mal.

En el siguiente escalón pasó Escocia, para condecorar la mejor participación en un mundial. Argentina, con try incluido de Gonzalo Longo, le ganó 19-13, y consiguió por primera vez el pasaje a las semifinales. Sí, uno de los seleccionados más amateurs de la competencia, se metió entre los mejores 4.

El nerviosismo y la ansiedad le jugaron una mala pasada al equipo, y ante Sudáfrica, Argentina quedó eliminada de la discusión por el título. Montgomery y Habana fueron demasiado para Los Pumas, que cayeron 37-13 (el único try argentino fue de Manuel Contepomi). Además, Francia recibió otro cachetazo al ser derrotado por una resurgente Inglaterra, quedando de esta forma eliminados de “su” mundial.

Sin embargo, a pesar del golpe, nuestros Pumas guardaron bajo la manga, su mejor función. Por el tercer puesto, Argentina juntó fuerzas para alcanzar algo mucho más importante que un simple partido “por el honor”. Subiendo al podio, definitivamente nuestro país se iba a convertir en potencia.

Y así fue. El 19 de octubre, en el Parque de los Príncipes, Los Pumas bailaron a Francia, y le ganaron otra vez en su casa. 34-10 fue el triunfo y la reconfirmación equipista del seleccionado nacional. Los tries del éxito colosal, los hicieron Felipe Contepomi en dos oportunidades, Omar Hasan, Federico Martín Aramburu e Ignacio Corleto. Acorde despedida para un plantel sobresaliente en virtudes.

La del último compromiso, fue la imagen que dejó instalada Argentina en el mundo del rugby. Buen juego, sacrificio y trabajo en conjunto. En la final, Sudáfrica venció a Inglaterra, y fue por segunda vez campeón. Sin embargo, para grandes conocedores del rugby, la Copa del Mundo del 2007 se tiñó de celeste y blanco. En septiembre y en Nueva Zelanda, será la próxima cita. Argentina integrará el Grupo "B", junto a Inglaterra, Escocia, Georgia y Rumania. Santiago Phelan y sus muchachos, con un plantel en formación y sin su figura "Juani" Hernández por lesión, irán por más gloria. Para seguir mostrando las garras.



martes, 9 de agosto de 2011

EL GRANDIOSO NAPOLI DE MARADONA

El fútbol es sinónimo de clases sociales. Y a lo largo de la historia también demostró ser una de las pocas armas para que los pobres puedan batir a los poderosos. En la década del 80, hubo un equipo de fútbol que hizo renacer al sur italiano, ése sector tan ninguneado por los ricos del norte. El Napoli, el equipo del pueblo, durante esos gloriosos años se codeó y destronó a los grandes: Juventus, Inter y Milan. Comandado por un genial Diego Armando Maradona, el Napoli llegó a la cúspide del fútbol azurro, quedándose, entre otros logros, con dos Serie “A” y una Copa de la UEFA.

La Società Sportiva Calcio Napoli es un club de fútbol de Italia, de la ciudad de Nápoles, localidad ubicada en la región de Campania. Fue fundado en 1926 e históricamente es el noveno equipo más exitoso de dicho país y el más ganador del sur, la zona más pobre y excluida de Italia. Desde su surgimiento y hasta 1984 no se caracterizó por ser una institución que gozara de la obtención periódica de títulos, sino que Napoli era más bien un equipo modesto, con serios problemas económicos, que peleaba de la mitad de la tabla para abajo, sin ningún campeonato de Serie “A” y con un palmarés de tan sólo dos Copa Italia y un título de Serie “B” (en el 50). Hasta ahí, una típica historia de un equipo del ascenso.

Sin embargo, el rumbo napolitano cambió drásticamente cuando en la temporada 1984/85 el presidente Corrado Ferlaino decidió contratar a Maradona, proveniente del Barcelona. Allí, la vida de éste humilde club dio una vuelta de tuerca. Porque de un día para otro Napoli pasó a ser protagonista, transformándose en la sombra de los grandes, lo que generó aún más orgullo en los fervientes tifosi napolitanos. Y Diego, fiel a su personalidad avasallante, en su presentación ya pisó fuerte: “Quiero convertirme en el ídolo de los pibes pobres de ésta ciudad, porque son como era yo cuando vivía en Buenos Aires”, declaró en la conferencia de prensa. El 5 de julio del 84, un Maradona contundente, comenzaba a transformarse en el líder indiscutido de Nápoles. En la cara visible del sur olvidado.

En la temporada 1986/87, luego del histórico tercer puesto conseguido el año anterior, Napoli estaba decidido a pegar el zarpazo. A esa altura, el objetivo ya era mucho más ambicioso: ser campeón por primera vez de la Serie A. Con un Maradona ya consagrado en el mundo del fútbol después de ser campeón del mundo con Argentina en México, y un Bruno Giordano demoledor, el Napoli se consagró como el mejor de Italia, sacándose la mufa de tantos años peleando por no descender. Además, conquistó su tercera Copa de Italia, ganando todos los partidos del torneo (récord absoluto sólo igualado por la Fiorentina de Gabriel Batistuta en 1996, aunque la Azurri disputó 13 encuentros y la Fiore solamente 8). Al fin y al cabo, este torneo, el segundo en margen de importancia en Italia, fue uno de los que más disfrutó Diego y sus palabras, haciendo mención al trato que recibe la gente del sur, lo dejaron claro: “Me gustó ganarle la Copa Italia al Atalanta, porque en Bérgamo hay gente muy racista. Cuando íbamos de visitante nos gritaban ‘¡Lavatevi!’ (¡Lávense!)”, declaró un Maradona eufórico, a modo de revancha.

En la cuarta temporada, la 1987/88, se sumó al plantel el brasileño Careca, conformando la fórmula de ataque denominada "MaGiCa" (Maradona, Giordano y Careca). En los primeros 19 partidos el equipo había conseguido el 87% de los puntos, una auténtica “maquinita”. Sin embargo, a poco del final, el desempeño del conjunto napolitano decayó y una derrota decisiva 2-3 a manos del Milan en el San Paolo fue determinante para que los Rossoneros consiguieran la liga. El Napoli quedó segundo, a tres puntos del líder, y Maradona fue el goleador del certamen con 15 tantos.

Pero lo mejor estaba por venir. La 1988/89 fue la temporada más exitosa en el plano internacional, al conseguir el primer título de esa índole, la Copa de la UEFA. Los celestes traspasaron las fronteras para ser uno de los mejores del viejo continente. La final fue disputada frente al Stuttgart de Alemania de Jürgen Klinsmann, ganando Napoli el partido de ida en el San Paolo por 2 a 1 e igualando 3 a 3 la revancha en tierras teutonas, con una descollante actuación de Diego, y de una, por entonces, joven promesa llamada Ciro Ferrara.

Llegando al cierre, el romance Maradona-Napoli tendría un final acorde a tal dimensión. Un amor apasionado, repleto de triunfos y epopeyas deportivas. La Azurri ganó su segunda liga italiana en 1990, superando en la recta final al Milan de Gullit y van Basten, y pocos meses después la víctima en la Supercopa de Italia fue la Juventus, a la que el Napoli le propinó una verdadera lección de fútbol: goleada por 5-1.

La era Maradona en la institución celeste generó en los hinchas un sinfín de sensaciones, a tal punto que los fanáticos pintaron las paredes de las afueras del cementerio de la ciudad, haciendo alusión a los fallecidos hasta 1984 con la inscripción "No saben lo que se perdieron".

Con la ida de Maradona, todo culminó. Los festejos en el San Paolo escasearon y las vueltas olímpicas también. Una nueva y profunda crisis aquejó al Napoli, que cayó en el 2003 a la Serie C1 (la tercera categoría) y que por su asfixiante situación monetaria perdió su nombre original. En agosto de 2004 nació el “Napoli Soccer”, gracias al aporte millonario de Aurelio De Laurentis, y dos años después, volvió a la denominación tradicional.

El martirio para los tifosi napolitanos acabó en 2007, cuando los celestes volvieron a la máxima división. Allí permanecen hasta los días que corren. Ya sin los títulos que avalaron su poderío en los 80, pero con la esperanza de volver a ser el que fue.

El Napoli, en su etapa más gloriosa, le demostró al mundo que los que tienen más plata no siempre son los que ganan. Una clara demostración de que el fútbol es una pasión sin límites, ni fronteras, ni billetes... ¡como el glorioso Napoli de Maradona!


sábado, 18 de junio de 2011

PALERMO, EL GOLEADOR DEL PUEBLO

La vida deportiva de un goleador que permanecerá glorificado en las más prestigiosas retinas del fútbol nacional.

Palermo, siempre Palermo. El “Loco”, el titán de las mil emociones, tras casi 20 años de carrera profesional, dejó la actividad. Y fiel a su estilo, generó en la gente, un mar de sensaciones. Como en aquella lluviosa noche de octubre en el Monumental ante Perú, y como tantas otras con la camiseta de Boca. Un futbolista que nunca dejó de sorprender a propios y extraños. Tantas cosas le han pasado en su carrera a este delantero grandote, desgarbado, sin tanta técnica, pero con un olfato de gol descomunal, al punto que nadie duda que Palermo estuvo tocado por la varita mágica. Parece un pensamiento de un nene de 5 años, atado a una ilusión fantasiosa, pero soy uno de los tantos que lo piensa.

¿Porqué siempre él? ¿Por qué siempre Palermo estuvo en el lugar y en el momento indicado? La trayectoria del "Loco", en reiteradas ocasiones, nos dejó sin palabras. A más de uno -esos que en un principio se reían de su "torpeza"- le cerró la boca; y a otros tantos, sólo se encargó de crearles más de un inconveniente en la garganta, a causa de interminables afonías. Es la “loca” película del “Loco” más respetado. Del delantero que en sus inicios causaba gracia, quizás por su look desfachatado y sus limitaciones futbolísticas, y que después, a fuerza de goles, se convirtió en miedo escénico para los rivales.
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Capítulo 1: Junio de 1995. Palermo no fue tenido en cuenta en Estudiantes y estuvo a punto de ser transferido a San Martín de Tucumán por 20 mil pesos. Entrenó con el equipo y hasta los diarios tucumanos lo pusieron en la formación titular en el primer partido. Sin embargo, a último momento no hubo acuerdo entre los clubes y regresó a La Plata. ¿Qué hubiera sido de Palermo si jugaba en Tucumán el Nacional “B”? Misterio que jamás será develado.


Capítulo 2: En 1996 tras recibir la confianza del Profe Córdoba, el "Loco" la rompe en Estudiantes. Entre otros goles, el 2 de mayo del 97 le hace dos a River en el Monumental, hecho que despierta el interés de Boca.

Capítulo 3: Ya en el club de la Ribera, en el día del retiro de Diego Armando Maradona, el 25 de octubre de 1997, Palermo, que hasta ese momento era resistido por la hinchada xeneize, convierte -bajo una lluvia torrencial- el gol de la victoria frente a River en el Superclásico.

Capítulo 4: El torneo Apertura de 1998 se convierte en el mejor de su carrera. El Boca de Carlos Bianchi fue campeón invicto (al campeonato siguiente alcanzaría la racha de 40 partidos sin perder) y Palermo gritó 20 goles en 19 partidos. Récord absoluto en los campeonatos cortos.


Capítulo 5: El Clausura 99 consagraría a Boca bicampeón. En la fecha 9 de dicho certamen, el 24 de abril, Palermo marcó un gol insólito. Frente a Platense en cancha de Vélez, el "9" anotó de penal, tras pegarle con las dos piernas, después de un resbalón.

Capítulo 6: Primera página negra en su carrera. Con la Selección Argentina, el 4 de julio de 1999, en Luque (Paraguay), por la Copa América y ante Colombia, el “Loco” erró tres penales. Pocos días después del triste récord, Palermo se tomó revancha frente a Uruguay, donde -debido a un terrible codazo recibido minutos antes- marcó un gol con un ojo totalmente inflamado.

Capítulo 7: El 13 de noviembre de 1999 fue un día agridulce en la vida del Titán. En Santa Fe ante Colón, Palermo hizo su gol 100 en Primera División, con una rotura de ligamentos en la rodilla derecha a cuestas. Duro golpe en su trayectoria, que demandó seis meses de recuperación.

Capítulo 8: Regresa a las canchas el 24 de mayo de 2000, frente a River y por los cuartos de final de la Copa Libertadores. En la semana previa al esperado choque, el por entonces entrenador millonario Américo Gallego declaró ante los medios en tono de broma que "si Boca pone a Palermo, yo lo pongo a Enzo (Francescoli, quien se retiró en 1997)". Ingresa por Alfredo Moreno en el segundo tiempo y marca, prácticamente en muletas, el tercer gol de Boca. Victoria y pasaje a la semifinal. Inolvidable.

Capítulo 9: Uno de los momentos más importantes de la vida deportiva de Palermo y de la historia de Boca Juniors. 28 de noviembre de 2000. En 5 minutos el goleador le convierte dos goles al poderoso Real Madrid por la final de la Copa Intercontinental. Boca ganó 2 a 1 y se consagró campeón del mundo por segunda vez.


Capítulo 10: 29 de noviembre de 2001. Ya en España, jugando para el Villarreal, cuando atravesaba su mejor momento y tras un gol al Levante por la Copa del Rey, festejando con los hinchas, se derribó un muro y se fracturó la tibia y peroné del pie derecho. Segunda lesión de consideración en su carrera.

Capítulo 11: Después de un paso sin pena ni gloria por el Betis y el Alavés, regresa a Boca, gana seis títulos y encuentra un buen nivel futbolísitco. A pesar de ello, en este lapso recibe una de las peores noticias de su vida. Fallece su segundo hijo, Stéfano. El 6 de agosto de 2006 Palermo le pide jugar al técnico Alfio Basile y le convierte dos goles a BanfieldCon la fuerza del corazón, Titán...

Capítulo 12: El 13 de diciembre de 2006, Palermo y todo Boca perdieron una posibilidad histórica, la del tricampeonato. La final del torneo Apertura la ganó Estudiantes por 2 a 1. Palermo, reconocido hincha del conjunto platense, hizo el gol xeneize, lo que provocó una fuerte discusión con su amigo, Juan Sebastián Verón.

Capítulo 13: ¡Que golazo Palermo! El 24 de febrero de 2007, cuando la prensa lo hostigaba por bajo rendimiento, el "Loco" hizo un gol de otro planeta. Desde la mitad de la cancha, Palermo le convirtió a Independiente el que tranquilamente puede ser considerado el mejor gol de su carrera. Fue en el estadio de Racing y ante la mirada atónita del arquero Oscar Ustari. Memorable. Goleador serial.


Capítulo 14: También en 2007, el conjunto de la Ribera se coronó por sexta vez en su historia campeón de América. En las semis de la Libertadores ante el Cúcuta colombiano, el "Xeneize" cayó en la ida por 3 a 1. El partido de vuelta, jugado el 7 de junio, sería exótico por donde se lo mire. Una imponente niebla dificultó la visión tanto de los protagonistas como de los espectadores. Boca necesitaba al menos ganar 2 a 0 para llegar a la final. Quién sino Palermo, para marcar el segundo tanto, que en la cancha no se vio, y que por televisión si no fuese por una cámara de piso que se encontraba a pocos metros del arco tampoco hubiera sido posible de observar. Claro, el "Loco" hizo goles en cualquier momento, circunstancia y condición climática. Boca finalmente ganó 3 a 0 y se quedó con la Copa tras derrotar en la final a Gremio.

Capítulo 15: El 26 de enero de 2008, en pleno verano, Boca enfrentó a River en Mar del Plata. El conjunto azul y oro derrotó al rival de siempre por 2 a 0 y el último de los goles lo marcó Palermo, colgado del travesaño. Sí, leyó bien, trepado del horizontal.

Capítulo 16: Siguiendo en 2008, Martín realiza una gran Copa Libertadores en la que convierte 7 goles, aunque su equipo queda eliminado en semifinales. Al poco tiempo, Boca obtiene la Recopa Sudamericana ante Arsenal, con un gol suyo en el partido de ida. Sin embargo, el 24 de agosto, cuando Palermo estaba en los planes del "Coco" Basile para retornar después de mucho tiempo a la Selección Argentina, se vuelve a romper los ligamentos en un partido contra Lanús. Muchos dudaban si Martín iba a poder sortear -una vez más- semejante escollo.

Capítulo 17: Así y todo Palermo siempre pudo, siempre volvió. En 2009, regresa el 25 de septiembre ante Newell's en La Bombonera y es el goleador de un flojo Boca dirigido por Carlos Ischia. Si bien su equipo no anduvo bien, el "9" de a poco fue recuperando el gran nivel que mostró antes de sufrir su última lesión. Además, el 30 de abril, el Titán anotó su gol 200 con la camiseta azul y oro, frente al Deportivo Táchira de Venezuela, por la Libertadores ¡y de tijera!. Un rompe-redes de aquellos...

Capítulo 18: El 4 de octubre el "Loco" ingresa en el Récord Guiness y no precisamente por los tres penales marrados en el 99. Ante Vélez, Palermo hizo un gol de cabeza desde 39 metros. Cuatro días antes, en Córdoba, había vuelto a ponerse la camiseta de la Selección marcando los dos tantos de la victoria nacional frente a Ghana, lo que le posibilitó ser convocado por Diego Maradona para el choque decisivo ante Perú, por las Eliminatorias para el Mundial 2010.

Capítulo 19: Palermo constantemente nos sorprendió con algo nuevo. Su carrera tenía más cuerda. Siempre que estuvo en una cancha de fútbol (más precisamente, fiel a su instinto goleador, en el área), cualquier cosa podía pasar. 10 de octubre de 2009. Eliminatorias para Sudáfrica 2010. Perú le empató a Argentina en el minuto 45 del complemento. Dos minutos más tarde y ante un diluvio, Palermo, con el tabique roto y después de una serie de rebotes, marcó el gol del triunfo. Único, inigualable. Para quedar a un paso del Mundial. "Palermo tenía que ser. Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, y aquí estoy, resucitando", deliró Víctor Hugo Morales en su relato, a dúo imaginario con Mercedes Sosa.

Capítulo 20: 12 de abril de 2010. Día imborrable en la vida de este luchador. Ante Arsenal en La Bombonera, Martín Palermo marcó su gol número 218, que le permitió superar la marca de Roberto Cherro, para consagrarse como el máximo artillero de la historia de Boca. Y fiel a su estilo, en ese partido no sólo marcó el 218, sino que también hizo el 219. Porque Palermo nunca se conformó. Fue un goleador insaciable.


Capítulo 21: Palermo siempre tuvo un as bajo la manga. A lo largo de su trayectoria demostró que darlo por muerto antes de tiempo era un pecado -la mayoría de las veces, mortal-. El 22 de junio de 2010, en el Mundial de Sudáfrica, frente a Grecia, Martín ingresó al campo a 10 minutos del cierre. Ese tiempo le bastó para anotarse en la historia de la Copa del Mundo, convirtiendo el segundo gol de la victoria de Argentina.

Capítulo 22: Y para el final, se retiró a lo grande, como un jugador de semejante magnitud lo ameritaba. En el Clausura 2011, su último torneo en Boca, tuvo que esperar hasta la fecha 11 para gritar su primer gol, frente a Huracán. Después, nadie lo detuvo. El 15 de mayo, en su despedida de los Superclásicos, fiel a su costumbre, selló el 2-0 ante River. También alcanzó a José Sanfilippo como quinto goleador histórico del fútbol argentino. El domingo 12 de junio, jugó su último partido en La Bombonera, ante una fiesta imponente, y una semana después, el 18, cerró su vida de futbolista profesional en El Bosque ante Gimnasia -el rival al que más le convirtió- y con una particularidad: fue determinante hasta el último minuto de su carrera. En la última jugada, cedió de cabeza para que Cellay marque el gol del empate ante el "Lobo". De película. De principio a final.


No habrá otro "9" como Palermo. Gladiador de los de antes, el Titán jamás se rindió. Por eso genera las emociones más indescriptibles en la gente. Ejemplo de esfuerzo, de nunca darse por vencido -ni aún vencido-. A lo largo de su carrera, resurgió incansablemente de sus propias cenizas. Porque Palermo es Argentina, es pueblo. Porque Martín Palermo es el Goleador del Pueblo. "22" capítulos del "Loco". 22 escenas de su loca e imborrable película.




martes, 26 de abril de 2011

JORGE LEDO: UNA VIDA COLOR AURINEGRO


Un par de semanas atrás, y a causa de una cruel enfermedad que lo aquejó en los últimos tiempos, murió Jorge Ledo, máximo estandarte de la historia reciente del Club Olimpo de Bahía Blanca. Logros deportivos e institucionales enriquecen su obra y acrecentarán su recuerdo.

Sin dudas, con Ledo se fue una gran porción de la vida dirigencial de Olimpo. Porque si algo caracterizó a Ledo, fue defender sus colores, a rajatabla. Fue el capitán del barco, el bombero en los incendios. En fin, el principal responsable de que el club bahiense se encuentre donde está.

En su trayectoria, y debido a su tan particular personalidad, supo ganarse amigos y enemigos. Un hombre de carácter avasallante, escudo protector de un club, que cuando asumió, prácticamente se encontraba en la ruina.

Cuando agarró el timón en el ‘95, enérgico y perseverante pese a los golpes, enderezó la nave. A partir de una política económica austera pero eficiente, Olimpo saldó sus deudas y salió del pozo, para encarar el futuro con una mirada mucho más optimista.

Ya de entrada, le devolvió las alegrías al pueblo Aurinegro. Un año después de alcanzar la presidencia, en 1996, lo ascendió a la “B” Nacional, después de unas finales para el infarto con Villa Mitre. El triunfo ante los Tricolores, fue el puntapié inicial de una etapa inolvidable del club, repleta de festejos, que hasta hoy continúa.

Un dirigente con virtudes y defectos, que entendía de fútbol. Sí, de los que no abundan. Los resultados lo avalan. Alfaro, Falcioni, Madelón, De Felippe. Técnicos, elegidos por Ledo, que enriquecieron sus carreras gracias a sus periodos en Olimpo. Horas y horas pasó en la AFA, en sus cientos de viajes a Buenos Aires. Atento a cualquier movimiento, aprovechó al máximo las charlas con Julio Grondona.

Fiel a sus convicciones, cumplió varias de sus promesas. En 2001, por ejemplo, el Aurinegro estaba al borde del descenso en la “B” Nacional. Muchos no creyeron cuando aseguró que iba a armar un equipo competitivo para ascender. Y lo hizo. Gustavo Alfaro, Ceferino Díaz, Mauro Laspada, José “Cachi” Zelaya y un joven Leandro Desábato, entre otros, lograron el primer ascenso a la máxima categoría. Fue el título que, según sus dichos, más disfrutó.

Después de bajar en 2006, aseguró que Olimpo regresaba al año siguiente. Con Leonardo Madelón desde el banco y los goles de Ismael Blanco, el Aurinegro volvió a ser de Primera.

Y si de acertar se habla, dio en la tecla hasta el último de sus dias. Confió en De Felippe, ayudante de Falcioni en su paso por Bahía, y en el año del Centenario, otra vez el club se situó entre los mejores.

Fanático hasta la médula. Si hasta llegó a decir que “Olimpo es el Boca de Bahía. O lo querés o lo odiás. O sos de Olimpo, o sos contra de Olimpo. No hay términos medios. Y me gusta que así sea”. Polémico, incisivo, irónico… y ganador por naturaleza.

Podemos coincidir o disentir si hablamos de Jorge Ledo, fallecido el pasado 8 de abril. Eso sí, de lo que no caben dudas, es que la historia institucional y deportiva de Olimpo cambió notablemente con su llegada. Los títulos, la remodelación del Carminatti, el renacimiento de un club que, con el incondicional aporte de un dirigente muy capaz, hoy se encuentra en un sitio de privilegio. Jorge Ledo fue el actor principal de esta película. Por eso, no será olvidado.

¿Qué será de Olimpo sin Ledo? El futuro develará un interrogante que desde julio, y tras la finalización del torneo Clausura, comenzará a instaurarse en el mundo Aurinegro.