viernes, 26 de agosto de 2011

LA HAZAÑA PUMA EN TIERRAS FRANCESAS


A continuación, y como antesala a uno de los acontecimientos deportivos más importantes del corriente, recordamos la mejor actuación de Los Pumas en su historia: Francia 2007. Momento único e imborrable del rugby argentino.

El último mundial, fue sin dudas, la participación más importante de un seleccionado argentino de rugby desde que se juega la Copa del Mundo. Algo quizás impensado, si nos remontamos una década atrás. Pero esta camada de jugadores, principalmente conformada por Juan Martín Hernández, Agustín Pichot, Ignacio Corleto, los mellizos Felipe y Manuel Contepomi, Gonzalo Longo, Mario Ledesma y los hermanos Ignacio y Juan Fernández Lobbe, entre otros, sin dejar de lado al excelente cuerpo técnico encabezado por Marcelo Loffreda y Daniel Baetti, tenía hambre de gloria. Fiel al instinto animal. Al instinto Puma.

A diferencia de otros mundiales, en 2007 casi todos los integrantes del plantel gozaban del roce internacional que no muchos equipos tenían, además que la mayoría se habían destacado en sus respectivos clubes, ubicados ni más ni menos que en Francia, potencia de la disciplina, e Inglaterra, cuna del rugby.

Por consiguiente, Los Pumas no fueron de paseo a París, sino que marcharon en busca de un gran objetivo: llegar a las semifinales por primera vez en la historia. No obstante, al mismo tiempo, la premisa fue cumplir con otra misión de la misma magnitud. Demostrarle a las máximas autoridades del rugby mundial, que Argentina está capacitada para disputar un torneo anual, y no solo test-matches y mundiales, cada cuatro largos años.

He aquí la principal razón por la que la preparación argentina para Francia 2007 fue la más exigente. Partidos previos enfrentando a seleccionados de altísimo renombre, tal es el caso de Inglaterra, Francia e Irlanda (obteniendo muy buenos resultados), como también la preparación física que se realizó en un campo especializado en los Estados Unidos. Los Pumas fueron por todo, como siempre, con el agregado de, por la disposición previa, un objetivo ambicioso, como nunca antes.

La confianza, desde el vamos, fue plena. Sin embargo, la primera instancia se presentó por demás dificultosa. Argentina formó parte del Grupo “D”, junto a Francia (el local), Irlanda (en ese entonces, el último verdugo -en el mundial 2003- y clásico rival), Georgia y Namibia. Se lo catalogó “Grupo de la Muerte”.

Y el primer escollo, para no ser menos, en la previa era complicadísimo, por no decir imposible. El 7 de septiembre de 2007, Los Pumas jugaron por tercera vez consecutiva el partido inaugural de la Copa del Mundo (en 1999 con Gales y en 2003 frente a Australia). Con Francia en Saint Denis, Los Pumas hicieron un partido inteligente partiendo del planteo, y sustentado en un sacrificio memorable, vencieron a los galos por 17-12, con un try de Ignacio Corleto. Inolvidable. Primer zarpazo mundialista.

Los siguientes dos encuentros fueron claves para la clasificación a la segunda ronda. El objetivo, sin margen de error, fue vencer a Georgia y a Namibia por punto bonus, es decir convirtiendo cuatro o más tries. Sucesivas victorias por 33-3 y 63-3 respectivamente, sufriendo más de la cuenta en el primero (el cuarto try se obtuvo en el instante final), y goleando y gustando en el siguiente, sin recibir tries en contra, comenzando a demostrar en hechos, el favoritismo creciente de un equipo imponente.

Una semana más tarde, el 30 de septiembre, los argentinos enfrentaron a Irlanda, quien en los últimos años se convirtió en el más acérrimo rival de Los Pumas, debido a lo acontecido en los últimos dos mundiales en donde se eliminaron mutuamente (en el '99 ganaron los nuestros, y en 2003 los europeos). Argentina triunfó 30-15, con una actuación descollante de Hernández (3 drops), y con dos tries de notable factura, uno de Lucas Borges, y el restante de Horacio Agulla (por entonces, jugador del Hindú local y revelación del torneo). Así, Argentina lideró su grupo, y evitó en los cruces de cuartos a los siempre temidos All Blacks. Para nada mal.

En el siguiente escalón pasó Escocia, para condecorar la mejor participación en un mundial. Argentina, con try incluido de Gonzalo Longo, le ganó 19-13, y consiguió por primera vez el pasaje a las semifinales. Sí, uno de los seleccionados más amateurs de la competencia, se metió entre los mejores 4.

El nerviosismo y la ansiedad le jugaron una mala pasada al equipo, y ante Sudáfrica, Argentina quedó eliminada de la discusión por el título. Montgomery y Habana fueron demasiado para Los Pumas, que cayeron 37-13 (el único try argentino fue de Manuel Contepomi). Además, Francia recibió otro cachetazo al ser derrotado por una resurgente Inglaterra, quedando de esta forma eliminados de “su” mundial.

Sin embargo, a pesar del golpe, nuestros Pumas guardaron bajo la manga, su mejor función. Por el tercer puesto, Argentina juntó fuerzas para alcanzar algo mucho más importante que un simple partido “por el honor”. Subiendo al podio, definitivamente nuestro país se iba a convertir en potencia.

Y así fue. El 19 de octubre, en el Parque de los Príncipes, Los Pumas bailaron a Francia, y le ganaron otra vez en su casa. 34-10 fue el triunfo y la reconfirmación equipista del seleccionado nacional. Los tries del éxito colosal, los hicieron Felipe Contepomi en dos oportunidades, Omar Hasan, Federico Martín Aramburu e Ignacio Corleto. Acorde despedida para un plantel sobresaliente en virtudes.

La del último compromiso, fue la imagen que dejó instalada Argentina en el mundo del rugby. Buen juego, sacrificio y trabajo en conjunto. En la final, Sudáfrica venció a Inglaterra, y fue por segunda vez campeón. Sin embargo, para grandes conocedores del rugby, la Copa del Mundo del 2007 se tiñó de celeste y blanco. En septiembre y en Nueva Zelanda, será la próxima cita. Argentina integrará el Grupo "B", junto a Inglaterra, Escocia, Georgia y Rumania. Santiago Phelan y sus muchachos, con un plantel en formación y sin su figura "Juani" Hernández por lesión, irán por más gloria. Para seguir mostrando las garras.



martes, 9 de agosto de 2011

EL GRANDIOSO NAPOLI DE MARADONA

El fútbol es sinónimo de clases sociales. Y a lo largo de la historia también demostró ser una de las pocas armas para que los pobres puedan batir a los poderosos. En la década del 80, hubo un equipo de fútbol que hizo renacer al sur italiano, ése sector tan ninguneado por los ricos del norte. El Napoli, el equipo del pueblo, durante esos gloriosos años se codeó y destronó a los grandes: Juventus, Inter y Milan. Comandado por un genial Diego Armando Maradona, el Napoli llegó a la cúspide del fútbol azurro, quedándose, entre otros logros, con dos Serie “A” y una Copa de la UEFA.

La Società Sportiva Calcio Napoli es un club de fútbol de Italia, de la ciudad de Nápoles, localidad ubicada en la región de Campania. Fue fundado en 1926 e históricamente es el noveno equipo más exitoso de dicho país y el más ganador del sur, la zona más pobre y excluida de Italia. Desde su surgimiento y hasta 1984 no se caracterizó por ser una institución que gozara de la obtención periódica de títulos, sino que Napoli era más bien un equipo modesto, con serios problemas económicos, que peleaba de la mitad de la tabla para abajo, sin ningún campeonato de Serie “A” y con un palmarés de tan sólo dos Copa Italia y un título de Serie “B” (en el 50). Hasta ahí, una típica historia de un equipo del ascenso.

Sin embargo, el rumbo napolitano cambió drásticamente cuando en la temporada 1984/85 el presidente Corrado Ferlaino decidió contratar a Maradona, proveniente del Barcelona. Allí, la vida de éste humilde club dio una vuelta de tuerca. Porque de un día para otro Napoli pasó a ser protagonista, transformándose en la sombra de los grandes, lo que generó aún más orgullo en los fervientes tifosi napolitanos. Y Diego, fiel a su personalidad avasallante, en su presentación ya pisó fuerte: “Quiero convertirme en el ídolo de los pibes pobres de ésta ciudad, porque son como era yo cuando vivía en Buenos Aires”, declaró en la conferencia de prensa. El 5 de julio del 84, un Maradona contundente, comenzaba a transformarse en el líder indiscutido de Nápoles. En la cara visible del sur olvidado.

En la temporada 1986/87, luego del histórico tercer puesto conseguido el año anterior, Napoli estaba decidido a pegar el zarpazo. A esa altura, el objetivo ya era mucho más ambicioso: ser campeón por primera vez de la Serie A. Con un Maradona ya consagrado en el mundo del fútbol después de ser campeón del mundo con Argentina en México, y un Bruno Giordano demoledor, el Napoli se consagró como el mejor de Italia, sacándose la mufa de tantos años peleando por no descender. Además, conquistó su tercera Copa de Italia, ganando todos los partidos del torneo (récord absoluto sólo igualado por la Fiorentina de Gabriel Batistuta en 1996, aunque la Azurri disputó 13 encuentros y la Fiore solamente 8). Al fin y al cabo, este torneo, el segundo en margen de importancia en Italia, fue uno de los que más disfrutó Diego y sus palabras, haciendo mención al trato que recibe la gente del sur, lo dejaron claro: “Me gustó ganarle la Copa Italia al Atalanta, porque en Bérgamo hay gente muy racista. Cuando íbamos de visitante nos gritaban ‘¡Lavatevi!’ (¡Lávense!)”, declaró un Maradona eufórico, a modo de revancha.

En la cuarta temporada, la 1987/88, se sumó al plantel el brasileño Careca, conformando la fórmula de ataque denominada "MaGiCa" (Maradona, Giordano y Careca). En los primeros 19 partidos el equipo había conseguido el 87% de los puntos, una auténtica “maquinita”. Sin embargo, a poco del final, el desempeño del conjunto napolitano decayó y una derrota decisiva 2-3 a manos del Milan en el San Paolo fue determinante para que los Rossoneros consiguieran la liga. El Napoli quedó segundo, a tres puntos del líder, y Maradona fue el goleador del certamen con 15 tantos.

Pero lo mejor estaba por venir. La 1988/89 fue la temporada más exitosa en el plano internacional, al conseguir el primer título de esa índole, la Copa de la UEFA. Los celestes traspasaron las fronteras para ser uno de los mejores del viejo continente. La final fue disputada frente al Stuttgart de Alemania de Jürgen Klinsmann, ganando Napoli el partido de ida en el San Paolo por 2 a 1 e igualando 3 a 3 la revancha en tierras teutonas, con una descollante actuación de Diego, y de una, por entonces, joven promesa llamada Ciro Ferrara.

Llegando al cierre, el romance Maradona-Napoli tendría un final acorde a tal dimensión. Un amor apasionado, repleto de triunfos y epopeyas deportivas. La Azurri ganó su segunda liga italiana en 1990, superando en la recta final al Milan de Gullit y van Basten, y pocos meses después la víctima en la Supercopa de Italia fue la Juventus, a la que el Napoli le propinó una verdadera lección de fútbol: goleada por 5-1.

La era Maradona en la institución celeste generó en los hinchas un sinfín de sensaciones, a tal punto que los fanáticos pintaron las paredes de las afueras del cementerio de la ciudad, haciendo alusión a los fallecidos hasta 1984 con la inscripción "No saben lo que se perdieron".

Con la ida de Maradona, todo culminó. Los festejos en el San Paolo escasearon y las vueltas olímpicas también. Una nueva y profunda crisis aquejó al Napoli, que cayó en el 2003 a la Serie C1 (la tercera categoría) y que por su asfixiante situación monetaria perdió su nombre original. En agosto de 2004 nació el “Napoli Soccer”, gracias al aporte millonario de Aurelio De Laurentis, y dos años después, volvió a la denominación tradicional.

El martirio para los tifosi napolitanos acabó en 2007, cuando los celestes volvieron a la máxima división. Allí permanecen hasta los días que corren. Ya sin los títulos que avalaron su poderío en los 80, pero con la esperanza de volver a ser el que fue.

El Napoli, en su etapa más gloriosa, le demostró al mundo que los que tienen más plata no siempre son los que ganan. Una clara demostración de que el fútbol es una pasión sin límites, ni fronteras, ni billetes... ¡como el glorioso Napoli de Maradona!