jueves, 8 de diciembre de 2011

EL DÍA QUE GIMNASIA RESUCITÓ


Hay partidos que, más allá de los fanatismos, quedan guardados en la memoria. Seguramente a la gran mayoría de los futboleros de ley, aquel 12 de julio de 2009, se les erizó la piel en el último gol de Franco Niell. Otra de las tantas historias imborrables de nuestro deporte.

Fue el día que el Bosque brotó de pasión, como nunca antes. Porque Gimnasia, en un capítulo dramático, que mucho tuvo de ficción, logró quedarse en Primera. Le ganó 3 a 0 a Atlético Rafaela por la Promoción, en una serie para el recuerdo, repleta de emociones en el último cuarto de hora. Tiempo que para algunos condenados, no es más que agonía, pero que en esa ocasión para el Lobo significó la resurrección, el volver a vivir.

Paradójicamente, hoy Gimnasia está en la “B” Nacional y Rafaela en la máxima categoría, aunque reitero, ésta historia de suspenso, lágrimas y gritos de desahogo, excede el tiempo.

Cuando promediando los 30 minutos de la segunda parte Roberto “Pampa” Sosa se iba expulsado con Gimnasia solo 1-0 arriba, nadie imaginaba semejante final. Es que en el partido de vuelta de la tan temida Promoción el Lobo debía remontar el 0-3 que había padecido 3 días antes, en Rafaela, con los tres goles de Aldo Visconti, actualmente en el Boca Unidos correntino.

A esa altura, Visconti era el nuevo Javier Mazzoni para los Triperos, un verdugo más para un equipo que “nació para sufrir”. La misión literalmente se presentaba imposible. En un partido y medio la Crema había sido mucho más: en la ida lo pasó por arriba, y en los primeros 45 en el Bosque, tampoco dejó dudas.

Rafaela, dirigido en ese entonces por Marcelo Fuentes, como todo equipo del Nacional que se la juega ante el de Primera, sin nada que perder, jugó sin presiones y con mucha confianza por el resultado conseguido como local; mientras que los platenses, nerviosos desde el vamos, por cada minuto que pasaba no hacían más que dar otro paso hacia el abismo. Para Gimnasia la tarde pintaba como lo más parecido al calvario deportivo.

Pero el fútbol señores, es tan cruel como fantástico, capaz de generar emociones indescriptibles. Gimnasia salió en el complemento decididamente a meterlo en un arco a Rafaela. Desprolijo, sin ideas, pero con un amor propio descomunal. No quedaba otra. Era dejar el alma, o descender con la sensación de no haber dado todo en la cancha. Y si peloteás al rival, quizás en una de esas, la hazaña se podía lograr. Y así fue el equipo de Leonardo Madelón. El Lobo, haciéndole honor a su apodo, salió a comérselo crudo al rival, dejando atrás un partido y medio olvidable por donde se lo mire.


Sólo 45 minutos. Rápido tenía que llegar el primer gol para al menos, aferrarse a una pisca de esperanza. Se hacía eterno. El tiempo volaba, el partido se iba y a Gimnasia le faltaba un montón para lograr el objetivo de quedarse en Primera.

El primer grito llegó a los 28 de la etapa final. Casi de carambola, como quién no quiere la cosa. Centro pifiado de Sosa, rebote en el arquero Darío Capogrosso, y el uruguayo Diego Alonso ,con un tiro mordido, la mandó al fondo del arco. Pidiendo permiso, pero gol. 1-0 y la ilusión Tripera que de la nada, tímidamente tomaba vuelo.

No obstante, lo que tanto tardó en construir el local, nuevamente se vino abajo en un abrir y cerrar de ojos. Expulsión de Sosa y más que nunca a remarla de atrás. Ya parecía sentenciada la historia, todo era muy cuesta arriba. Con 9 jugadores (los dos equipos en ese momento ya estaban con 10), y con la imperiosa y desesperada obligación de hacer dos goles más.

Así y todo al Lobo lo llamaron al baile, y el Lobo asistió a la fiesta. Porque el Lobo siempre está. Ingreso milagroso el de Franco Niell, que entendió la situación y con desparpajo marcó la diferencia junto al oriundo de Coronel Pringles, Juan Cuevas.

Los dos petisos se pusieron el equipo al hombro en el momento más crítico. El partido se moría, 44 minutos del segundo tiempo, centro pasado de Luciano Aued, cabezazo de Niell y a cobrar. 2-0. Quedaba poco, pero había que ir. Y Gimnasia fue nomás.

47 de la complementaria. Corajeada de Cuevitas, enésimo centro que cayó al área de Rafaela y nuevamente Franco Niell, el ídolo menos pensado, que fue el más grande en tierra de gigantes, para desatar la locura de media ciudad de La Plata. Cabezazo cruzado y el milagro se concretó. Lágrimas, gritos, abrazos con desconocidos, de todo pasó en la tribuna de Gimnasia. Una locura interminable, propia del deporte más hermoso del mundo. “No, no dejá” gritaba un hincha del Lobo que anda a saber en que dimensión estaba. Nadie quería ser de Gimnasia ese día. Pero después de lo que pasó, a cualquier hincha de otro equipo le dieron ganas de estar esa tarde en El Bosque.

Partido de aquellos. Vibrante hasta el último instante, con todos los matices posibles. Todo el combo. 15 minutos que reflejaron la pasión y esencia del fútbol argentino. Gritos, sentimientos encontrados, gargantas afónicas, delirio de la multitud. El fútbol siempre da revancha, siempre da una vida más. Y al tercer día, Gimnasia resucitó.






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