domingo, 22 de agosto de 2010

MONTECCHIA, EL PUMA MÁS TALENTOSO

Desde niños, si en la escuela primaria se repasaba detalladamente una lista de animales mamíferos, el Puma siempre fue sinónimo de rapidez, astucia y adaptación a situaciones complicadas. Más allá del significado que pueda tener para Montecchia su propio apodo, Alejandro en síntesis, aprovechó al máximo esas cualidades dentro de un rectángulo de parquet. Fue en su apogeo, actor principal de la última generación dorada del básquetbol argentino, aquella que fue subcampeona en Indianapolis 2002 y medalla de oro en Atenas 2004.

Conductor nato desde la base, pensante, de segurísimo traslado y eficaz tiro externo, el mundo del básquet le dio la bienvenida el 1 de enero de 1972. Y el Puma, para no ser menos, ya desde la cuna comenzó a “convivir” con la redonda de color anaranjado. El amor, fue a primera vista. Un auténtico flechazo que no los separaría jamás. Ni siquiera pudo alejarlos el “temido” retiro, que a algunos los aísla completamente de lo que en algún momento, representó la pasión de sus vidas. “Siempre extraño”, nos dijo Alejandro. “A veces, cuando veo los partidos, se me vienen las sensaciones que sentía cuando jugaba. Esto me va a pasar durante un buen rato porque hace poco dejé de jugar (se retiró en 2009), aunque soy conciente de la decisión que tomé. Ahora disfruto de otras cosas, como estar más tiempo con mi familia”.

Aunque los vicios, vicios son. Y si son sanos como en este caso, mucho mejor. Montecchia mismo se encargó de aclarar que el “bichito” del básquet todavía pica en su vida: “igualmente amo este deporte y no me desligo para nada. Me mantengo informado sobre todo lo que pasa. Voy seguido a la cancha a ver a Bahiense, miro los partidos de la NBA por tele y los de la Liga Española por internet”, afirmó quien hace unas semanas, dio el ok para ser parte del proyecto de Pepe Sánchez a cargo de Bahía Blanca Estudiantes, como asistente de José Luis Pisani.

Pero para que exista el final de una etapa, primero tiene que haber un punto de partida. La llamada “escuelita”, en la que se comienzan a forjar los lazos de compañerismo, respeto y amor al deporte, son la bandera de largada hacia el sueño de llegar bien lejos en la profesión. “Mis años de escuelita fueron los mejores”, aseguró el Puma. “Bahiense fue mi segunda casa. Pasaba muchas horas en el club junto a un grupo de amigos increíble. Estoy muy agradecido al club por todo lo que me brindó en esos años, que más tarde me sirvió para desarrollarme en el ámbito social y profesional. Le agradezco por darme un gran grupo de amigos, y por hacer que mi infancia sea feliz”, contestó con gestos de nostalgia Alejandro, que a su vez, no es el único que resalta la suma importancia de los clubes en la niñez, como espacios de contención y aprendizaje. Clubes (más que nada los “de barrio”), que en la actualidad son olvidados y no reciben el apoyo que realmente merecen.

Según él, su mejor año fue en Olimpia de Venado Tuerto. Pero antes, Montecchia ya había dejado su huella en Sport Club de Cañada de Gómez en donde debutó en Liga en la temporada 1989-90. Luego en el ’94 pasó a Olimpia, equipo trascendental en su carrera, ya que es aquí donde el Puma comienza a incorporarle nuevas facetas a su juego. De a poco se fue convirtiendo en un jugador más completo, para tiempo después alcanzar su mejor versión. “A Venado Tuerto llegué en el ’94, y ése mismo año perdemos la final con Independiente de Pico”, todavía se lamenta, como si el tiempo no hubiera sanado la herida. “Nuestro problema fue que éramos un equipo muy individualista. Pero para la temporada siguiente casi no vine a Bahía, en el receso me quedé allá entrenando muchísimo, me fortalecí físicamente, y ahí se dio mi explosión. Salimos campeones de la Liga y también de la Liga Sudamericana. En ésa Liga (la 1995-'96) se produjo un click en mi carrera. Fue lo que me faltaba para sobresalir, para dar un paso hacia adelante en el nivel. Maduré en lo técnico y lo táctico”.

En 1998 recaló en Boca Juniors, y un año más tarde partió hacia el viejo continente para sumarse al Reggio Calabria italiano. Tres años después pasó al Pamesa Valencia, otro equipo en el que se destacó notablemente, en el que mejoró su porcentaje de asistencias y definitivamente se transformó en un base “para el equipo”, más allá de su endiablada mano. Un año más en Italia, y tres temporadas en Regatas Corrientes, condecoraron una trayectoria impecable.

Pero claro, no quedan dudas que “su” momento en el básquet fue con la albiceleste. Ya desde su estreno en la mayor, en el Sudamericano de Maracaibo en el ’97, Montecchia y un par más, empezaron a escribir la historia más gloriosa. Al Puma se le sumaron Oberto, Ginóbili, Pepe Sánchez, y más tarde Nocioni y Scola, entre otros. En 2002 le ganaron por primera vez a un combinado de la NBA, y en 2004, se subieron a lo más alto del podio en Atenas. “Haber salido campeón olímpico con la Selección Argentina es un recuerdo que todos los días pasa por mi mente. No hay día que no piense en lo que fue eso. Además de ser lo más lindo que me pasó en 20 años de carrera, ese fue el mejor equipo que integré”.

Hoy, con el Mundial de Turquía encima, Montecchia se prepara para mirarlo desde afuera, y pese a las bajas, el ex base confía ciegamente en el equipo: “mientras Luis (Scola), ‘Chapu’ (Andrés Nocioni), ‘Fabri’ (Fabricio Oberto) sigan estando, Argentina va a seguir en los primeros planos. Transmiten confianza. No contamos con ‘Manu’ (Ginóbili), pero Argentina está con las mismas chances que con “Manu” en el plantel. En ése sentido, mientras parte de la generación que logró el oro en Atenas esté dentro de la cancha, la Selección va a seguir siendo protagonista”. ¿Y la base?, claro, lesiones, ausencias, retiros. Es todo un tema, aunque Montecchia le resta importancia. “La base está perfectamente cubierta con Pablo Prigioni. Todavía hay que ver el recambio, no hay ningún número fijo después de él, cosa que en tiempos anteriores no pasaba. Antes estaba Pepe (Sánchez) y yo. Por el momento no se ha encontrado un segundo base”.

Y para cerrar, Montecchia abrió una puerta que parecía totalmente cerrada. “No es una etapa terminada la mía como jugador aunque por ahora no quiero asumir ningún tipo de compromiso. No quiero comprometerme y después no poder cumplir al ciento por ciento. Si vuelvo, quiero ser uno más. Ir a entrenar, estar con el equipo como cualquier jugador, transmitir consejos a los más jóvenes. Por ahora no, pero me encantaría jugar en Bahiense otra vez. Es la camiseta que junto a la de la Selección verdaderamente siento, y no pediría nada a cambio”.

La ilusión de volver a verlo dentro de una cancha siempre está. Aunque por el momento, hay que conformarse con tenerlo en el banco de Estudiantes. No es poca cosa, aunque tampoco hay que engañar a nuestros sentimientos. Montecchia todavía está para alguna que otra andanza. El “Puma” más talentoso y desequilibrante, merece despedirse ante su gente. Que así sea.


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